16 abr. 2009

En el agujero negro

La Parca ha vuelto a quedar embarazada,
sus hijos tienen hambre y la sangre
no alcanza para llenar todas las bocas.

Sobre mi cabeza revolotean los mosquitos,
parecen buitres al acecho de su presa,
por qué será que estos seres saben
encontrar tan fácilmente la porquería.

Alguien me ha dicho que huelo a flores,
sí, como las funerarias, a flores de difunto.
Hoy el sol se puso al poco de amanecer
y la más negra oscuridad sumió al día.

Una nube me ha vaciado su contenido gris
y me ha empapado las ropas y los huesos,
¡tengo frío, madre!
Y ya nada ni nadie puede abrigarme.

6 comentarios:

fonsilleda dijo...

Es tan impresionante este poema que no merece otro comentario que decirte que lo he leído, ya lo sabes y que también lo he sentido.
Bicos.

Balteu dijo...

Muchas gracias paisana, tú me lees siempre y yo te lo agradezco, porque además se que los entiendes, los sientes.

Un racimo de bicos para ti.

Dante dijo...

Fuertes y dolorosos versos. Asi es la parca, hermano. Se alimenta del dolor ajeno y la sangre de otros para mantenerse viva. Desgarrador poema. Un gustazo pasear por tus letras. Dejo un abrazo.

entresuelos dijo...

versos con fuerza los tuyos, seguiré por aquí. un saludo

Balteu dijo...

La Parca, querido Dante, es el símbolo más certero de los momentos amargos.
Gracias por dedicarme un poco de tu tiempo.
Celebro que te gustara.

Un abrazo, amigo mío.

Balteu dijo...

Muchas gracias compañera, ven cuando quieras.

Un racimo de bicos.

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