1 ene. 2014

Amantes

Ella dijo que a la bravura había que ponerle alas,
para que las caricias se sintieran
como hechas con plumas de ángel,
deslizó el dorso de su mano por mi rostro,
dejándome sentir su piel
suave como el roce de una pluma.

Me ofreció el calor de su boca,
porque el amor debe beberse
en los labios del ser amado
y ese dulzor que deja de ser de uno
para pasar a ser de ambos,
me emborrachó de gozo
abandonando mi cuerpo los sentidos.

Sus brazos se extendieron sobre mi
en un abrazo que me ceñía a su cuerpo.
Busqué refugio en una cama
donde nuestros labios competían
en besar más veces al otro.

Agotados firmamos un empate
por mirar otras formas de amarse.

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