30 ene. 2013

Un quijote más




Preservé mi corazón de tus encantos,
como si de una ciudad inexpugnable se tratara,
para terminar por caer entre tus brazos,
cual derrotado e inconsolable enemigo,
que suplica piedad para salvarse.


Qué tremenda decepción decía tú rostro,
no esperabas ganar tan rápido la batalla,
descuidaste el ornato de tú frente
y me fugué con Soledad, mi mejor amiga.


Ya sin la obligación tuya de consolarme
y mía de rendirme a tus pies de vencedora,
vivo en mi ínsula Barataria lejos de los molinos.

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