12 sept. 2015

La ladrona de flores



Le regalé una rosa y quiso saber de dónde saliera,
entonces, pidió ver el jardín que las contenía.

Se sorprendió al ver los colores de las hortensias,
el aroma y la blanca pureza de las gardenias,
el color de los lirios de fuego,
la belleza de los liliun y
tantas y tantas flores en árboles y arbustos
a las que no podía llegar con sus manos.

Pedía escaleras y tijeras para cortar y
hacer algún ramo que adorne la entrada de casa,
(decía mientras dibujaba en el aire su proyecto,
que enmarcaba en el cuadro de sus brazos)
uno podía adivinar la fragancia que envolvía
cada estancia de su casa.
Era tal la maestría en la creación de sus buqués,
que la gente sacaba fotos y las mostraba al mundo
como una maravilla de estas manos privilegiadas.
Orgulloso del éxito estaba yo por mi amiga,
hasta que vi mi jardín,
desplumado de aromas capullos y flores.

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